Selectividad alimentaria: cuándo una dieta limitada justifica una evaluación
La mayoría de los niños pequeños pasan por una época de comer un abanico estrecho de alimentos. Es normal en el desarrollo, tiene su punto máximo alrededor de los dos años y suele resolverse. Un grupo más pequeño de niños nunca sale de ahí, y para ellos el patrón no es una fase que haya que esperar. Distinguir los dos casos es la pregunta clínica útil, y tiene respuesta.
- Un repertorio de alimentos limitado es común en los niños pequeños y normalmente vuelve a ampliarse con el tiempo.
- Lo que distingue un trastorno de alimentación es un repertorio que se estrecha, y consecuencias más allá de la mesa.
- Contar los alimentos aceptados a lo largo de un mes dice más que cualquier comida suelta.
- La presión, los premios y esconder alimentos tienden a empeorar la selectividad, no a mejorarla.
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- Qué es esperable en el desarrollo
- Dónde está la línea clínica
- Por qué un niño restringe
- Una cuenta que merece la pena hacer
- Qué ayuda, y qué no
- En qué consiste una evaluación
- Preguntas que hacen los padres
Qué es esperable en el desarrollo
Alrededor de los dieciocho meses a los dos años, la mayoría de los niños se vuelven bastante más cautelosos con la comida desconocida. Esto no es un problema de conducta ni un fallo de crianza. Es una etapa del desarrollo bien documentada, y probablemente tuvo una función protectora en una especie cuyos pequeños acababan de empezar a moverse solos.
Rasgos esperables: preferencia por los alimentos conocidos, desconfianza hacia los nuevos, opiniones firmes que cambian de una semana a otra, y una cantidad de comida que parece alarmantemente pequeña cualquier día suelto pero que es suficiente a lo largo de una semana. Los niños en esta etapa siguen comiendo de todos los grupos de alimentos, solo que no en el horario que elegiría un adulto.
El patrón suele suavizarse durante los años de preescolar, sobre todo cuando las comidas van sin presión y al niño se le sigue ofreciendo variedad sin obligarlo a comerla.
Dónde está la línea clínica
La distinción no está en lo difíciles que se sienten las comidas. Está en si el abanico se está ampliando o estrechando, y en si la restricción está produciendo consecuencias en otros sitios.
Esperable: la lista de alimentos aceptados crece despacio. Preocupante: hay alimentos que se caen de la lista y no se sustituyen.
Preocupante: menos de quince o veinte alimentos aceptados, mantenido durante meses.
Preocupante: nada de proteína, o ningún alimento de una textura concreta, en vez de rechazos sueltos repartidos entre grupos.
Preocupante: peso o crecimiento que se quedan atrás, déficit de hierro o de vitaminas, estreñimiento, o depender de batidos suplementarios.
Preocupante: arcadas, tos, atragantamientos, guardar la comida en los carrillos, comidas larguísimas, o dificultad para manejar las texturas.
Preocupante: la familia deja de salir a comer fuera, el almuerzo en el colegio es imposible, o el niño no puede ir a cumpleaños.
Un solo punto de la columna derecha merece una conversación. Varios mantenidos durante meses merecen una evaluación.
Cuando la restricción es lo bastante grave como para afectar al crecimiento, la nutrición o la participación, tiene un diagnóstico: trastorno de evitación o restricción de la ingesta de alimentos. Ponerle nombre importa sobre todo porque cambia lo que se ofrece. Se trata, no se espera a que pase.
Por qué un niño restringe
El rechazo a la comida es un síntoma con varias causas posibles, y el tratamiento cambia según la causa. Esta es la razón principal por la que una estrategia general prestada de otra familia falla tan a menudo.
- Sensorial. La textura, el olor, la temperatura o el aspecto le llegan mucho más intensos que a los demás. Muchas veces forma parte de un perfil más amplio, que describimos en el procesamiento sensorial en casa.
- Motora oral. La mecánica de masticar y mover la comida le cuesta de verdad, así que el niño se limita a lo que puede manejar con seguridad.
- Médica. Reflujo, estreñimiento, alergia, o una historia de dolor al comer. Un niño que ha aprendido que la comida duele se está comportando de forma razonable.
- Aprendida. Un solo episodio de atragantamiento, o meses de presión en la mesa, pueden pegarle ansiedad a la comida en sí.
Muchas veces hay más de una a la vez, y una de ellas lleva manteniendo el patrón mucho después de que la causa original se resolviera.
Una cuenta que merece la pena hacer
Antes de cualquier cita, esto es lo más útil que puede llevar una familia.
- Apunta todos los alimentos que ha comido tu hijo en el último mes. No lo que toleraría en un buen día. Lo que de verdad entró.
- Agrúpalos por textura y por categoría. Crujiente, suave, mezclado. Proteína, cereal, fruta, verdura, lácteo.
- Marca lo que se haya caído en el último año. Los alimentos perdidos dicen más que los que nunca se han probado.
- Anota los que son de una marca concreta. Cuando solo se acepta una marca o una forma, ese detalle tiene significado clínico, no es una manía.
Las familias se sorprenden a menudo en las dos direcciones. Algunas encuentran cuarenta alimentos y bastante tranquilidad. Otras encuentran once, todos beige, y una respuesta a por qué los últimos dos años han sido tan duros.
Qué ayuda, y qué no
Qué suele ayudar
- Servir una cantidad pequeña del alimento objetivo junto a alimentos que ya se aceptan, sin ninguna expectativa de por medio.
- Exposición graduada. Tolerarlo en la mesa, luego en el plato, luego tocado, luego probado. Cada paso es avanzar y se sostiene.
- Horarios predecibles de comidas y meriendas, para que el hambre esté disponible en la mesa y no gastada entre comidas.
- Dejar que el niño se sirva él mismo cuando se pueda. El control baja lo que hay en juego.
- Comer lo mismo, a la vez, delante de él.
Qué suele salir mal
- Un bocado más. Compra una cucharada hoy a costa de las ganas de mañana.
- El postre como pago. Marca el alimento objetivo como el precio de algo mejor.
- Esconder verduras en los alimentos aceptados. Si lo descubre, normalmente se pierde también el alimento aceptado, y el repertorio se encoge.
- Quitar los alimentos aceptados para que al niño le entre hambre. Los niños con restricción sensorial o motora no comen; se saltan la comida.
- Comentar cuánto ha comido, en cualquiera de los dos sentidos.
Nuestro artículo aparte sobre reducir la angustia en las comidas en casa desarrolla esto con más detalle.
En qué consiste una evaluación
Una evaluación de alimentación mira la mecánica motora oral de comer, el perfil sensorial, la historia médica, y una comida observada en vez de contada. Cuando el patrón apunta a un factor médico, lo decimos y nos coordinamos con tu pediatra en vez de trabajar esquivándolo.
Los objetivos son funcionales y se escriben en términos de participación: comer una comida con la familia, manejar un almuerzo del colegio, añadir alimentos dentro de una textura que el niño ya acepta. No un peso objetivo, ni un número de verduras.
Conviene preguntar si: el repertorio está por debajo de unos veinte alimentos y se está encogiendo; falta una textura o un grupo de alimentos entero; el crecimiento se ha quedado atrás; las comidas pasan siempre de treinta minutos; hay arcadas, tos o atragantamientos; o el comer ha impedido a la familia hacer cosas que antes hacía.
Los costos y el pago explican las opciones.
Preguntas que hacen los padres
Mi hijo come suficiente y crece bien. ¿Aun así merece la pena una evaluación?
Puede que sí. El crecimiento es una medida entre varias. Si el repertorio es muy estrecho, si sigue encogiéndose, o si el comer está limitando lo que tu familia puede hacer, esas ya son razones por sí solas.
Todo el mundo me dice que es una fase. ¿Cuánto dura una fase?
Una fase del desarrollo vuelve a ampliarse en unos meses. Un patrón que lleva un año o más estable o estrechándose ya no se está comportando como una fase, venga de donde venga.
¿Esto tiene que ver con el autismo?
La alimentación restringida es más común en niños autistas, muchas veces por una base sensorial. También aparece con frecuencia en niños que no son autistas. Una evaluación no exige un diagnóstico previo.
¿Deberíamos usar batidos suplementarios?
A veces sí, con indicación médica, como puente. La precaución es que pueden cubrir bastantes de las calorías necesarias como para quitar las ganas de comer, así que funcionan mejor dentro de un plan que tenga un final previsto.
¿Quién trata esto, un terapeuta del habla o uno ocupacional?
Las dos disciplinas tratan la alimentación, y cuál corresponde depende del perfil. En la práctica la valoración es compartida, que es cómo está montado nuestro equipo.
De dónde sale esto
Solo enlazamos a fuentes primarias: investigación revisada por pares, los colegios profesionales que fijan los estándares de cada disciplina, y organismos públicos. Nunca a otra clínica.
- Pediatric Feeding and SwallowingAmerican Speech-Language-Hearing Association, Practice PortalQué cubre una evaluación de alimentación y cómo se define el trastorno de alimentación pediátrico.
- Update on eating disorders: current perspectives on avoidant/restrictive food intake disorder in children and youthNorris, Spettigue and Katzman, peer-reviewed, via PubMed CentralDónde acaba el comer selectivo normal y empieza una restricción diagnosticable.
- A Systematic Review to Manage Avoidant/Restrictive Food Intake Disorders in Pediatric Gastroenterological PracticeRevisado por pares, vía PubMed CentralPor qué hay que confirmar o descartar una causa médica antes de tratar el patrón como conductual.
¿No sabes si es una fase?
Tráenos la lista de lo que come tu hijo y te decimos si conviene una evaluación.
