Caminar de puntillas, sentarse en W y pies planos: cuáles importan de verdad

Hay tres cosas que se les señalan a los padres constantemente: en el parque, en la guardería y de boca de familiares con opiniones firmes. Dos de ellas no suelen ser nada. Una a veces sí. Saber cuál es cuál ahorra muchísima preocupación, y de vez en cuando detecta algo que merece la pena detectar.

En resumen
  • El pie plano es el estado normal del pie de un niño pequeño, y la mayoría de los arcos aparecen solos.
  • No hay buena evidencia de que sentarse en W haga daño, por mucho que se corrija.
  • Caminar de puntillas es lo que sí conviene vigilar, sobre todo por lo que puede venir acompañándolo.
  • Lo que importa en los tres casos no es la postura en sí, sino si hay algo más de fondo.

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Pie plano

Casi todos los niños pequeños tienen los pies planos. Un estudio que escaneó los pies de 835 niños de tres a seis años encontró pie plano flexible en el 44%, y la cifra bajaba de forma constante con la edad: 54% a los tres años y 24% a los seis. El arco se forma cuando desaparece una almohadilla de grasa y los ligamentos se tensan, y eso lleva años.

Ese mismo estudio se propuso estimar cuánto tratamiento se estaba dando sin necesidad, lo que ya dice algo sobre la frecuencia con la que se recetan plantillas a niños que iban a estar bien de todas formas.

Lo que separa un pie plano que conviene mirar de uno que no es la flexibilidad. Si aparece un arco cuando tu hijo se pone de puntillas o cuando el pie no apoya, la articulación funciona con normalidad. Un pie que se queda plano en cualquier posición, o que está rígido y duele, es otra cuestión.

Conviene preguntar si: el pie es rígido en vez de flexible; tu hijo se queja de dolor en el pie, el tobillo o la pierna; solo está afectado un pie; la forma de caminar se ve claramente afectada; o el aplanamiento va a más con la edad en lugar de a menos.

Sentarse en W

Sentarse en el suelo con las rodillas hacia delante y los pies hacia los lados se corrige constantemente, y las advertencias de siempre son que daña las caderas, causa displasia o debilita el tronco.

Una revisión sistemática cribó varios miles de artículos sobre el tema y encontró siete estudios que merecía la pena incluir. Su conclusión fue que no hay evidencia científica para desaconsejar sentarse en W, ni asociación con la displasia de cadera. La activación muscular es prácticamente la misma que en otras posturas para sentarse.

Además hay una razón anatómica sencilla por la que los niños lo hacen y los adultos no. Los niños pequeños tienen más anteversión femoral, una rotación hacia dentro del fémur que hace que esa postura resulte cómoda y accesible. Se reduce con el crecimiento, y por eso sentarse en W desaparece casi siempre sin que nadie intervenga.

La versión honesta es esta: decirle a un niño que se siente de otra manera es poco probable que le haga daño, y también es poco probable que sirva de algo. Si tu hijo solo se sienta así y no puede sentarse cómodo de ninguna otra forma, eso sí conviene comentarlo, porque la pregunta interesante es por qué las otras posturas no están disponibles.

Caminar de puntillas

Esta es la que sí merece atención, aunque no alarma. Caminar de puntillas es común cuando los niños empiezan a andar y suele resolverse. Un estudio de prevalencia con 1.436 niños encontró que el 2,1% seguían caminando de puntillas de forma activa a los cinco años y medio.

La mayoría de esos casos son idiopáticos, es decir, que no se encuentra una causa, y una parte importante se resuelve sin tratamiento. La razón por la que los equipos pediátricos lo siguen mirando con atención es que caminar de puntillas de forma persistente puede venir acompañado de otras cosas: acortamiento de la pantorrilla que limita el tobillo, diferencias en el tono muscular, y en algunos niños aparece junto a cuadros neurológicos o del desarrollo en vez de aparecer solo.

La prueba práctica que pueden hacer los padres es si el talón puede bajar. Si tu hijo puede caminar apoyando todo el pie cuando se lo pides, y lo hace al menos parte del tiempo, el recorrido del tobillo probablemente está intacto. Si el talón no llega al suelo ni estando quieto de pie, es probable que la pantorrilla se haya acortado, y eso conviene medirlo.

Conviene preguntar si: sigue caminando de puntillas de forma constante pasados los dos años; tu hijo no puede llevar el talón al suelo cuando se lo pides; ocurre solo en un lado; apareció después de una época caminando con normalidad; viene con caídas frecuentes, rigidez o dificultad con las escaleras; o hay además retrasos en el habla, el juego o la comunicación social.

Lo que sí merece atención

La postura por sí sola es una señal poco fiable. Lo que miran de verdad los fisioterapeutas pediátricos es la función: qué puede hacer un niño, cuánto tiempo puede hacerlo, y si el patrón está cambiando.

Asimetría

Un lado siempre distinto del otro, a cualquier edad, dice más que cualquier postura que afecte a los dos lados.

Regresión

Una habilidad que estaba y ya no está. Esto siempre merece una llamada, en cualquier área del desarrollo.

Dolor

Los niños pequeños rara vez refieren dolor articular por el desarrollo normal. Cuando lo refieren de forma constante, se estudia.

Resistencia

Quedarse atrás en los paseos, pedir brazos mucho más que los demás niños, evitar los juegos del parque. El cansancio aparece antes que el fallo.

Las edades a las que aparecen las habilidades más grandes, y cuáles conviene seguir, están recogidas en hitos motores: cuándo preguntar.

Cuándo preguntar

Una evaluación de fisioterapia es una medición, no un compromiso. Se miden los rangos de movimiento, se prueban la fuerza y el equilibrio, y se observa la marcha con y sin zapatos. Para la mayoría de los niños de este artículo el resultado es un rango de normalidad y una fecha para revisarlo.

Cuando se encuentra algo, normalmente se aborda con estiramientos, fortalecimiento y actividad, no con dispositivos. Las plantillas, las férulas y los zapatos correctores tienen un papel más estrecho de lo que su disponibilidad sugiere.

Se aplican las reglas de cobertura, que están explicadas en qué cubre el seguro.

Preguntas que hacen los padres

¿Debo comprarle zapatos con soporte?

Para un pie plano flexible y sin dolor, en general no. Lo que construye el pie es el tiempo descalzo sobre superficies variadas, y un zapato flexible y de la talla correcta suele bastar.

¿Sigo corrigiéndole el sentarse en W?

Puedes dejar de hacerlo, salvo que un profesional te haya dado una razón concreta. Si quieres fomentar la variedad, ofrécele un taburete bajo o siéntate a su lado con las piernas cruzadas, en vez de darle instrucciones.

Mi hijo camina de puntillas solo a veces, sobre todo cuando se emociona.

Caminar de puntillas de forma intermitente, con el talón llegando bien al suelo, preocupa mucho menos que hacerlo constantemente. Aun así conviene comentarlo en la próxima revisión, sobre todo pasados los dos años.

¿Caminar de puntillas significa autismo?

No. Aparece más a menudo entre niños con diferencias del desarrollo que en la población general, lo cual es una razón para mirar el cuadro completo, no un diagnóstico en sí mismo.

¿Bastan los estiramientos?

A veces sí, cuando se empiezan pronto y se hacen con constancia. Lo que lo decide es cuánto recorrido de tobillo se ha perdido, que es exactamente lo que mide una evaluación.

De dónde sale esto

Solo enlazamos a fuentes primarias: investigación revisada por pares, los colegios profesionales que fijan los estándares de cada disciplina, y organismos públicos. Nunca a otra clínica.

¿Te han dicho que te preocupes por cómo se pone de pie o cómo camina tu hijo?

Cuéntanos qué estás viendo y te decimos si hay que medirlo o solo vigilarlo.

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