Comidas sin pelea
Hay una cena que se repite en muchas casas. El plato lleva veinte minutos ahí. Ya has probado el avioncito, el soborno del postre, quitar la tableta y rendirte del todo. Tu hijo no ha tocado nada, o ha tocado una cosa y ha llorado. Y mañana vuelve a pasar.
Si llevas meses así, lo primero que hay que decir es esto: no es porque hayas sido demasiado blanda.
- Un repertorio de comidas limitado es común, y no es lo mismo que un trastorno de alimentación.
- La presión en la mesa empeora el patrón sin falta.
- Hay cinco cambios que conviene hacer antes que ninguna otra cosa.
- Hay un punto en el que esto deja de ser algo que resolver sola.
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- La selectividad alimentaria no es lo mismo que un trastorno de alimentación
- Qué puede estar pasando
- Por qué obligar lo empeora
- Cinco cambios que puedes hacer esta semana
- Cuándo dejar de intentar resolverlo sola
La selectividad alimentaria no es lo mismo que un trastorno de alimentación
Casi todos los niños pasan por una fase de comer poco y comer siempre lo mismo, entre los dos y los cuatro años. Es normal, es cansado y se pasa.
La diferencia está en el tamaño de la lista, y en lo que pasa cuando intentas ampliarla.
Un niño selectivo come, digamos, treinta cosas distintas. Rechaza la comida nueva, pero si se la pones delante veinte veces acaba probándola. Come lo que come la familia, aunque sea en una versión más aburrida. Y la comida no arruina el ambiente de la casa.
Un niño con una dificultad de alimentación tiene una lista mucho más corta, a veces diez o quince alimentos, y esa lista se encoge con el tiempo en vez de crecer. Puede rechazar categorías enteras: todo lo blando, todo lo que lleva trocitos, todo lo que no sea beige. Puede tener arcadas al ver un alimento antes de tocarlo. Y cuando deja de comer algo, casi nunca vuelve.
Esa segunda descripción no es un problema de disciplina. Es un problema con una explicación física o sensorial detrás, y por eso las estrategias de disciplina no funcionan con él.
Qué puede estar pasando
Normalmente es una combinación de estas cuatro.
La textura. Para algunos niños la sensación de un alimento en la boca es tan intensa que el sabor ni siquiera llega a tener su turno. Un puré con un grumo puede ser insoportable aunque el sabor sea idéntico. Esto suele venir con otras sensibilidades: las etiquetas de la ropa, los ruidos fuertes, los cortes de pelo.
El olor y la vista. El rechazo empieza antes de la boca. Si a un niño le dan arcadas cuando le acercas el plato, ya no estamos hablando de sabor.
El control. Cuando un niño tiene poco que decir sobre su día, la comida es una de las pocas cosas que puede controlar del todo. Cuanta más presión se aplica, más valioso se vuelve ese trocito de control.
El dolor o el esfuerzo. Reflujo, estreñimiento, alergias, dolor al tragar, dificultad para masticar o para mover la comida por la boca. Un niño que asocia comer con molestia va a comer menos, y no va a poder explicar por qué.
Esa última merece una nota aparte: si tu hijo se atraganta a menudo, tose al beber o parece hacer un esfuerzo raro para tragar, eso se mira pronto y no es algo con lo que experimentar en casa.
Por qué obligar lo empeora
Obligar funciona una noche. A veces dos.
El problema es lo que enseña. Un niño al que se obliga aprende que la mesa es un sitio donde pierde, y su cuerpo empieza a ponerse en alerta antes de sentarse. Y un cuerpo en alerta come peor: la garganta se cierra, el estómago se revuelve, aumentan las arcadas. Literalmente le cuesta más tragar que hace diez minutos.
Además, cuando la comida se convierte en el momento tenso del día, toda la familia empieza a evitarla. Menos cenas juntos, más comer delante de una pantalla, menos ocasiones tranquilas de ver comida nueva sin presión. La lista se encoge un poco más.
Cinco cambios que puedes hacer esta semana
Ninguno de estos va a hacer que tu hijo coma brócoli el jueves. Lo que hacen es bajar la temperatura, que es lo que tiene que pasar primero.
1. Pon la comida nueva en la mesa, no en su plato. Que exista, que se vea, que se huela, sin que nadie le pida nada. Mirar un alimento con seguridad es el primer paso real hacia probarlo.
2. Separa tu trabajo del suyo. Tú decides qué se sirve, cuándo y dónde. Él decide si come y cuánto. Esa división, mantenida con constancia, quita la mayor parte de la pelea.
3. Ten siempre algo seguro en cada comida. Siempre un alimento de su lista corta en la mesa. Un niño que sabe que no va a pasar hambre se acerca mucho antes a lo desconocido.
4. Fuera premios y castigos. Nada de postre a cambio, nada de tres bocados más. Convierten la comida nueva en un peaje.
5. Reduce las comidas a diez minutos y termina bien. Una comida corta que acaba en calma vale más que treinta minutos que acaban en llanto. Lo que estás construyendo es la idea de que sentarse a la mesa no duele.
Y una cosa que no es una técnica: cuenta las victorias pequeñas. Tocarlo, olerlo, tenerlo en el plato sin apartarlo. Eso es avanzar, aunque no se lo coma.
Cuándo dejar de intentar resolverlo sola
Merece la pena ver a un terapeuta de alimentación si:
- La lista de alimentos aceptados ronda los veinte o menos, o se está acortando.
- Rechaza grupos enteros por la textura o el color.
- Tiene arcadas o vomita con frecuencia en las comidas.
- Se atraganta, tose al beber o parece esforzarse muchísimo para tragar. (Esto se mira pronto.)
- No está ganando peso como debería, o el pediatra ya lo ha comentado.
- La hora de comer es la peor parte del día para toda la familia, y lleva meses siéndolo.
Nada de esto significa que hayas hecho algo mal. Significa que alguien tiene que averiguar qué está pasando en la boca, el estómago o el sistema sensorial de tu hijo, y eso no se resuelve desde el otro lado de la mesa.
De dónde sale esto
Solo enlazamos a fuentes primarias: investigación revisada por pares, los colegios profesionales que fijan los estándares de cada disciplina, y organismos públicos. Nunca a otra clínica.
- Pediatric Feeding and SwallowingAmerican Speech-Language-Hearing Association, Practice PortalQué cubre una evaluación de alimentación y cómo se define el trastorno de alimentación pediátrico.
- Update on eating disorders: current perspectives on avoidant/restrictive food intake disorder in children and youthNorris, Spettigue and Katzman, peer-reviewed, via PubMed CentralDónde acaba el comer selectivo normal y empieza una restricción diagnosticable.
- Prescribing Physical, Occupational, and Speech Therapy Services for Children With DisabilitiesHoutrow and Murphy, American Academy of Pediatrics, Pediatrics, 2019Cómo se prescribe la terapia, cuánta es adecuada y cómo deben revisarse los objetivos.
Si llevas meses con la misma pelea, no es falta de firmeza. Es que hace falta otra herramienta. Escribe a info@skillsforgrowth.com o llama al +1 786 989 3616.
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